«No hay barrera, cerradura, ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente».
Publicado en 1929, este ensayo fue el resultado de una serie de conferencias realizadas en 1928 y para el que crea una narradora ficticia y un lugar igualmente ficticio. Y es a través de ese yo («llamadme Mary Beton, Mery Steon, Mary Carichael o con el nombre que más os guste, pues es cosa sin importancia»…) nos traslada a sus pensamientos a la orilla del río.
A través de este inicio tan poético, Virginia Woolf nos remite a los sitios a los que las mujeres no tienen permiso para entrar, a la educación a la que no han podido acceder, a las barreras a las que se tienen que enfrentar (las barreras masculinas),a la pobreza material y simbólica a la que se les condena…
Una obra calificada un debería ser leída y releída, y sería bueno que las nuevas generaciones la conociera.