Para reflexionar: “La felicidad no es un acontecimiento puntual. Es un cometa con una cola muy larga que llega hasta el pasado. Se nutre de todo lo que se vivió. Su forma de manifestarse no es brillar sino fosforecer. Debemos a la felicidad la salvación del pasado. Para salvar el pasado se necesita una fuerza tensora narrativa que lo acople al presente y le permita seguir repercutiendo en él, e incluso resucitar en él”.
Sinopsis: «Toda acción transformadora del mundo se basa en una narración. El storytelling, por el contrario, no conoce más que una sola forma de vida, que es la consumista».«Toda acción transformadora del mundo se basa en una narración. El storytelling, por el contrario, no conoce más que una sola forma de vida, que es la consumista». Las narraciones crean lazos. De ellas nace lo que nos conecta y vincula. De este modo, fundan comunidades y nos salvan de la contingencia. Sin embargo, hoy, cuando todo se ha vuelto arbitrario y azaroso, el storytelling se ha convertido en un arma comercial que transforma la narración en una herramienta más del capitalismo, propagándose en medio de la desorientación y la falta de sentido característicos de la sociedad de la información.
Narración e información son fuerzas opuestas. El espíritu de la narración se pierde entre las informaciones que convierten a los individuos en consumidores, solitarios y aislados, consagrados a instantes, con el objetivo de incrementar su rendimiento y su productividad. Solo la narración es la que nos eleva y nos une a través de una historia común de experiencias transmisibles que hacen significativo el transcurso del tiempo, aportando un poder transformador a la sociedad; es la única que puede congregarnos alrededor del fuego para darnos sentido.
Esta crisis narrativa tiene vastos antecedentes, que Byung-Chul Han investiga en este ensayo, y que son una continuidad de sus reflexiones sobre la sociedad de la información.
Por qué lo leí: Soy una enamorada de la filosofía de este hombre. En mis estanterías cada vez hay más libros suyos, la mayoría subrayados y con anotaciones en casi todas las páginas. Leer a Byung-Chul Han es, para mí, reconfortante, a pesar de ese oráculo que lanza como la sociedad siga recorriendo el camino actual. Al leer la sinopsis supe que este libro me iba a enganchar desde el principio y así fue.
Lo que me ha encantado: la reflexión acerca de la importancia de la narración para preservar nuestra identidad personal y cultural. La diferencia que establece entre informar y narrar es maravillosa. Analizar las publicaciones rápidas y el poco interés por leer y analizar textos de la población (estoy generalizado, por supuesto) hace que las narraciones se vayan perdiendo, que no tengamos tiempo de escuchar al otro.
Tras la muerte de mi padre, hace casi ocho años, me prometí que iba a escuchar más a mi madre para saber quién era de joven, qué le quitaba el sueño, qué le hubiera gustado ser… porque con mi padre tuve la sensación de que me faltaba haber compartido esos recuerdos. Hace unos meses a mi madre le dieron dos ictus, que entre muchas secuelas le impide hablar y escribir (afasia de Broca). A consecuencia de estas secuelas tan graves, tiene que vivir en una residencia donde nos han dado para completar la historia de vida de mi madre. Poder responder junto a ella (entiende todo lo que le digo, así que me verificaba que las respuestas estuvieran bien) y saber que al menos su pasado, ese que le conforma la identidad de quién es, es compartido y conocido por sus hijos, le ha animado. No hemos podido responder todas las preguntas (“¿Cómo crees que te ven tus hijos?” … sus creencias quedan silenciadas por la afasia y expresadas a través de algunos gestos con la cara, que transmiten pero que no se pueden plasmar en papel).
Por eso me parece tan importante escuchar al otro, sus narraciones, su historia. Irónicamente mi primera novela “Las palabras perdidas” iba precisamente de esto, de una mujer que tras un ictus, sufre afasia de Broca y debe aprender a comunicarse sin hablar y los demás a escuchar a esta mujer aunque no diga nada. El sentido del humor de la vida a veces es muy amargo.
No me ha gustado: la única pega que puedo poner es que este hombre destripa las novelas y películas de las que habla.







