“Si pudiera inventarse algo -dije impulsivamente- para embotellar los recuerdos, como los perfumes… Para que no se disipasen, para que nunca pudieran ponerse rancios…Cuando quisiéramos, podríamos destapar el frasco y sería como vivir de nuevo el momento guardado.”
Publicado en 1938, esta novela comienza con la famosísima frase “Anoche soñé que volvía a Manderley…” y fue llevada a la gran pantalla de la mano de Hitchcock.
Es una novela de suspense, en la que se pueden diferenciar dos partes, la primera en la que se van desgranando de forma pausada los personajes ,y la segunda, mucho más trepidante (y de la que no hablaré para no destripar la novela) en la que se desenlazan varias historias.
La protagonista de la novela ni siquiera tiene nombre, es una joven que trabaja para la señora Van Hopper, y que conoce a Maximilian de Winter, un hombre que perdió recientemente a su esposa, Rebecca.
La sombra de Rebecca es un personaje más durante toda la novela, al igual que Manderley, la mansión de de Winter regida por un ama de llaves que se encargará de recordar a Rebecca y hacerle saber a la segunda señora de Winter, que no puede ocupar el vacío que dejó tras su muerte.
He leído muchas críticas acerca de lo lenta que es la primera parte y de la actitud que tiene la protagonista, supeditando su bienestar al de su marido, pero no hay que olvidar que la novela fue escrita en 1938 y hay que situarla en el contexto.
Para mí ha sido una gran novela, con grandes frases para analizar y descripciones que te hacían sentir los aromas del jardín de Manderley sin moverte de casa.